Desnudo y Poesía

Como amante de versos y lienzos callados, aprendí que la piel no conoce el pecado,
que el cuerpo es un libro sin tapas ni autor, un poema que late desnudo al sol.
Nos vistieron de culpas antiguas, nos cubrieron con telas y dogmas,
pero el viento susurra en la orilla: “tu carne también es aurora”.
Una espalda bañada en la tarde, una risa sin ropa ni rol, puede ser más pura y libre
que un discurso vestido de honor.
Desnudos como la luz, sin disfraces ni voz acusando,
la piel es un puente hacia el sur de un amor que no vive comprando
Desnudos como la luz, sin mercado, sin culpa heredada,
solo el cuerpo diciendo “aquí estoy” con el alma tranquila y callada.
¿Quién decide lo obsceno y lo bello? ¿Quién reparte etiquetas al mar?
Si la arena no juzga las formas y el viento nos viene a abrazar.
El vestido es idioma aprendido, uniforme social del temor,
pero el cuerpo es democracia viva, es verdad respirando al amor.
Quítate el miedo despacio, deja caer el disfraz, que la piel también piensa y reza
cuando aprende a aceptarse en paz.
No es la carne la que condena, es la mirada sin claridad, cuando el arte le da su música
lo que fue sombra se vuelve verdad.
Desnudos como la luz, como el agua recién nacida, sin vergüenza frente al azul
de esta piel celebrando la vida.
Desnudos como la luz, sin jerarquías marcadas, solo el simple milagro de ser naturaleza desatada.
Héctor Cedial Guzman
Colombia
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